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viernes, 12 de diciembre de 2008

Sedúcete para seducir, "vivir y educar las emociones" (7) Eva Bach y Pere Darder

CULTIVA UN ESTILO AFECTIVO PROPIO

EMOCIÓNATE A TU MANERA

Uno de los objetivos de la educación de las emociones debería ser desarrollar un estilo afectivo propio, se trata de articular de forma adecuada pensamiento y emoción para potenciar la sensibilidad y la creatividad personal.

El aprendizaje significativo es aquel que se fundamenta en las emociones; el impacto emocional que un mismo suceso causa en dos sujetos diferentes será distinto, por lo tanto, tampoco lo serán las respuestas emocionales, ni los estímulos concretos los que harán crecer y evolucionar.

La creatividad es una facultad de la inteligencia que, conjugando emoción y pensamiento, se convierte en un instrumento de construcción personal dirigida a planificar los estilos de vida fuera de los habituales; esta nos conduce a elegir las formas de actuación y de relación que nos pueden ayudar a salir mejor parados de las situaciones que plantea la vida. Tanto desde la familia como desde la escuela se tienen que proporcionar oportunidades para que los chicos y chicas se pongan en contacto con sus emociones y se las puedan apropiar y compartir.


LA AUTOESTIMA: AQUELLO QUE NOS LASTIMAN OTROS Y PRETENDEN QUE ARREGLEMOS SOLOS

La autoestima es sentirse digno y capaz; digno de ser amado y feliz, capaz de afrontar los retos que la vida presente. Las raíces de la autoestima están en las emociones.

La base de la autoestima son las emociones reconocidas y aceptadas, ésta exige un espacio donde se puedan vivir y sentir las emociones, integrarlas, independientemente de cuáles sean. La autoestima radica en la autenticidad de los sentimientos propios y no en la posesión de determinadas cualidades, es el resultado de una buena competencia socio – emocional y afectiva, ya que la forma en que vivamos y manejemos las emociones, determina el concepto y la valoración que se hace de uno mismo, así como la cualidad de las relaciones interpersonales. Por lo tanto, cultivar y consolidar la autoestima exige cultivar y consolidar las capacidades emocionales y afectivas propias.

La autoestima nos lleva al respeto por uno mismo, que es la base del respeto por el otro, por lo tanto, ésta afecta a la relación que tenemos con nosotros mismos y con los demás. La autoestima es aquello que a arraigado en nuestro interior que nos ha venido de fuera; el otro debe ayudarnos a consolidarla o a repararla ya que no puede cultivarse o repararse ella sola. La vivencia emocional auténtica vehiculada a través de la relación con el otro es la que conduce a la autoestima y no al revés. La autoestima hay que abordarla paralelamente al desarrollo emocional.

SENTIR Y MANIFESTAR AFECTO

Se podrá sentir y manifestar afecto, comunicar y contagiar afecto, si se valora y se quiere lo que nos rodea. La meta última del desarrollo emocional no es conocer lo que soy, lo que siento o lo que me pasa,... es compartirlo (para comunicar y contagiar afecto,...). Nuestros proyectos deberían sustentarse en el terreno de las relaciones interpersonales, donde se puede compartir, que es básicamente comunicar en el sentido más amplio del término.

Comunicar es compartir los que uno es y siente con el objetivo de sentirse bien y hacer sentir bien a nuestros interlocutores. La comunicación es fuente de emociones y el acto de compartir es en sí mismo una emoción y a la vez una fuentes de emociones. La comunicación que favorece el desarrollo integral y el entendimiento entre las personas, es la comunicación de emociones, de sentimiento y de afecto, así como la expresión verbal y no verbal de amor o de estima.

La educación formal debería contemplar el llegar a comunicar afecto con una combinación singular y creativa de palabras, silencios y acciones, aspectos que piden tiempo y espacio.

LA EMOCIÓN ESTÁ EN EL CUERPO

Para que haya una afectividad bien consolidada es necesaria la existencia de comunicación. En la comunicación hay dos elementos que ejercen una función importante para reforzar los vínculos afectivos entre las personas: las emociones y el contacto directo.

La empatía es real cuando somos capaces de traducir lo que nos están diciendo en sensaciones que percibimos con nuestro cuerpo y que sentimos en él, por lo que se puede decir que entender y validar los pensamientos y sentimientos del otro por la vía cognitiva sólo, no dan lugar a la empatía. También se pude decir que hasta que no aparece la empatía, no empiezan a circular el afecto y la complicidad. La empatía es una capacidad socio – emocional con una dimensión biológico – corporal y una dimensión ética, se podría decir que es la capacidad de escuchar con el cuerpo y con el corazón además de con los oídos.

Disponemos de tres sistemas de información que se corresponden con tres formas de funcionamiento del cerebro humano; dos sistemas de tipo vivencial, basados en las emociones y en las sensaciones corporales, y un tercer sistema de tipo conceptual, basado en las cogniciones. La integración de estos tres sistemas acabará proporcionando una conducta adaptativa, saludable a nivel físico y psíquico.

MIRÁME, PERO TOCÁME

El contacto físico a la vez que una necesidad humana básica y universal es una fuente de emociones y de placer. El yo psíquico se forma y equilibra a partir del yo físico, y mediante la interacción de esos dos se alcanza la autoconciencia.

La falta de contacto corporal genera un malestar y una ansiedad inconsciente que a menudo se somatiza. Las caricias son necesarias, necesitamos caricias táctiles a lo largo de toda la vida, aunque la forma concreta que adopten puede ir variando en función de los cambios que se vayan produciendo a lo largo del proceso de crecimiento personal; el contacto físico con otras personas siempre es indispensable para una existencia física y psíquicamente sana.
La educación formal se ha preocupado por llenar las cabezas de conocimientos y se ha olvidado de formar personas capaces de compartir sus emociones y de utilizar el lenguaje corporal para expresar afecto y cariño. Somos seres emocionales y somos cuerpos. La educación debería plantearse el desarrollo integrado de los dos aspectos con una finalidad relacional y afectiva, y así reparar el déficit que posee.

EMOCIONES INDUCIDAS E IMPROPIAS

Las emociones que muchos experimentamos no son propias sino inducidas, a veces incluso impuestas por los grupos de pertenencia. Son emociones pautadas desde el exterior.

Emociones y fútbol

En el fútbol se dan situaciones que normalmente en la vida diaria no se dan, las personas expresan sus emociones sin ningún tipo de vergüenza, cosa que no ocurre en su vida personal. El hecho es que no son las emociones que realmente sienten las personas, sino el reflejo de otras emociones que se experimentan pero que no se permiten expresar fuera de estos contextos.

La enfermedad emocional no es el fútbol, sino que se convierte en la excusa perfecta para eludir la responsabilidad de nuestras emociones. Igual que con el fútbol pasa con la droga, se sustituyen éstas cosas por falta de emociones propias. Detrás de éste dejarse llevar por una emoción intensa, hay una falta de emociones personalmente vividas, como consecuencia de un modelos socio – cultural que ha optado por anestesiarlas.

Enraizados si, pero ¿cómo?

Enraizarse a la tierra y sentirla como propia es necesario; el territorio y la cultura afectan a mi modo de sentir, las emociones que pueden derivarse de la vinculación al lugar de nacimiento y al grupo de origen contribuyen a desarrollar mi sentido de pertenencia. Pero que éstas sean el motor y motivo de las emociones plantea problemas porque entonces la identidad personal se diluye en la colectiva y se puede acabar perdiendo.

El problema es que el sentimiento de pertenencia desemboque en un sentimiento de identidad contra, que supedita la felicidad personal a los éxitos colectivos y despierta la hostilidad contra los demás grupos.

Los nacionalismos que parecen ser más indicativos de una mala vivencia emocional son: los que fomentan actitudes bélicas hacia otros colectivos y ahogan la singularidad del individuo. Puede ser que éstos grupos estén configurados por individuos con una autoestima mermada y unas emociones desvirtuadas, que les lleva a que la identidad se la proporcione el grupo, las emociones se las proporciona el grupo, al precio de perder su singularidad y de enfrentarse a otros grupos.

Te acompaño en el sentimiento

El comportamiento que acostumbramos a tener en los entierros también pude ser debido a las emociones inducidas. A menudo la actitud de los más afectados deja traslucir una falta de capacidad para conectar con la realidad emocional que están viviendo. En nuestra sociedad, que estén serenos suele ser un motivo de admiración. La cuestión es que las personas afectadas tienen derecho a expresar su dolor, a derramar lágrimas, tanto en público como en privado.

Quizá no nos percatemos de lo que perdemos porque tal vez tampoco hemos sido capaces de darnos cuenta de que lo teníamos. En este caso se pondría de manifiesto que hemos perdido la capacidad de sentir y de expresar la belleza del contacto humano y el duelo que su pérdida nos produce.

CONDUCTAS VIOLENTAS

Detrás de las conductas violentas siempre hay un componente de naturaleza emocional. La violencia es una necesidad desesperada y desvirtuada de amor; una actitud violenta es una manera de expresar determinadas emociones y necesidades que no se saben transmitir de otro modo. La conducta violenta no siempre se dirige contra el mundo exterior, sino que puede volverse contra el propio sujeto.

Los daños de una agresión pueden ser tanto psíquicos como físicos, y que la violencia psíquica puede ser tanto o más nociva que la física, y a menudo pasa desapercibida.

Vivimos en una sociedad deshumanizada y deshumanizante, en la que no se nos permite ser como somos, ni sentir, así como tampoco nos permite admitir que somos seres necesitados de reconocimiento. En una sociedad donde el nivel de violencia cada vez es más elevado.

El componente emocional de la agresividad

Hay diferentes teorías que explican la agresividad. La teoría emocional (la más reciente) sitúa el origen de la agresividad en la falta de emociones o lo que es lo mismo, la incapacidad de otorgar una orientación vital constructiva.

La teoría innatista sitúa el origen de la agresividad en la ira, emoción que se encuentra por debajo de la agresividad. Es una de las emociones básicas que tiene por objeto proteger la integridad ante agresiones externas.

La teoría de la frustración – agresión establece que si le planteamos al sujeto retos que se encuentran por encima de sus capacidades y que le impidan sentirse competente, estaremos sembrando en él las semillas de la frustración que pueden desembocar en agresión. La frustración es la que se origina como consecuencia de anular la singularidad del individuo.

La teoría del aprendizaje social, si cuando el sujeto manifiesta conductas agresivas obtiene una atención y un reconocimiento (aunque sea negativo para él y que no consigue cuando realiza conductas adaptadas), tenderá a fijar dichas conductas agresivas, que son las que le proporcionan atención.

La teoría naturalista la herencia o la genética predisponen para desarrollar conductas agresivas, pero lo que determina en último término es el grado de frustración emocional que vamos acumulando a lo largo de nuestra experiencia vital.


Estrategias de intervención para prevenir la violencia

La educación de las emociones previene que la agresividad que hay en todo ser humano degenere en violencia; la educación emocional puede favorecer la vivencia de emociones.

La regulación de la agresividad exige la adquisición de habilidades socio – emocionales, éstas son una serie de conductas verbales y no verbales que requieren de un entrenamiento formal y se encaminan hacia el desarrollo de la competencia social.

La regulación de la agresividad también requiere que las personas tengamos un horizonte de sentido personal y colectivo de naturaleza ética. Entendida la ética como un proceso de construcción personal que conduce a una moral heterónoma sumisamente acatada a una moral autónoma responsablemente asumida, que trasciende a las evidencias subjetivas y apunta hacia valores universales o intersubjetivos.

INTELIGENCIA EMOCIONAL: UNA FORMA DE VIDA Y NO UN PERFIL

La inteligencia emocional no es un perfil que tengamos que cumplir, sino una forma de vida que debemos adoptar, teniendo el punto de mira en el proceso. Los perfiles tienen tendencias homogeneizadoras, y no contemplan la singularidad de los individuos.
A menudo al pensar en las características de una persona inteligente emocionalmente, caemos en la trampa de pensar que sólo hay una forma, y que cuando se consigue se acaba, sin embargo es un proceso que no se acaba nunca. Por ello es más apropiado señalar algunas de las actitudes que favorecen el desarrollo emocional sano. Un desarrollo emocional estimulante para que cada persona se llegue a inventar y hacer suyas las consignas con las que se encuentre más a gusto y pueda salirse de la mejor manera posible de todo aquello que le sucede

3 comentarios:

Maria dijo...

Creo que resulta interesante, pasear por nuestras emociones de vez en cuando. Reflexionar que generamos en los demás, que nos generan los demás.En estos dias de navidad donde los encuentros son tan abundantes, tal vez sea un buen ejercicio y tal vez nos ayude a conocernos mejor.

educadordemenores dijo...

Hola!

Te invito a que me visites. Estamos en contacto. Gracias!

Anónimo dijo...

creo que las emociones controlan nuestras vidas , podemos tener un nivel intelectual muy alto pero si nuestra autoestima es baja o sea si no hay un equilibrio emocional no llegamos muchas veces a cumplir nuestros sueños y nuestra meta por eso es bueno darse cuenta en edades muy tempranas para poder remediarlo